Cada grado por encima de unos 13 °C te frena entre 0,9% y 3% el ritmo de carrera, y no es falta de forma: tu cuerpo desvía sangre a la piel para enfriarte y el corazón paga el peaje. Las tres palancas que mueven de verdad la aguja son la aclimatación (7-10 días de exposición controlada disparan tu volumen plasmático un 5-7% y bajan la frecuencia cardíaca de esfuerzo unos 15 latidos), la hidratación por sed —beber de más mata, la hiponatremia es la causa real de las muertes en maratón— y mirar el punto de rocío, que predice mejor cómo va a ir el día que la temperatura del termómetro. La sal de más no previene calambres ni golpe de calor. El pre-enfriamiento sí da rendimiento medible. Y el "vaso de agua cada 15 minutos" es un consejo de los noventa que ha hecho bastante daño.
Cuánto te frena el calor (con datos)
Lo primero, una constatación incómoda: por mucho que entrenes, en verano vas más lento que en marzo. Y no es una sensación. El estudio clásico de Ely y colaboradores (Medicine & Science in Sports & Exercise, 2007), que analizó casi 1,8 millones de finalizaciones de maratón en seis grandes citas (Boston, Nueva York, Chicago, París, Berlín, Londres), demostró que el rendimiento empieza a deteriorarse por encima de los 13 °C de WBGT (la temperatura "real" que tiene en cuenta humedad y radiación solar, no el número que escupe el termómetro a la sombra).
El descenso no es lineal y no afecta a todos por igual. Para que la cifra te haga clic mental: en el maratón de Londres de 2018, con 24 °C reales, los finishers tardaron de media 20 minutos más que en ediciones anteriores. No es debilidad mental. Es termodinámica.
Por qué un corredor popular sufre más que un élite
Suena contraintuitivo: si los élites van más rápido y producen más calor metabólico, deberían sufrir más. Pasa lo contrario en términos relativos. Un análisis del maratón de Nueva York publicado en Frontiers in Psychology (2020) sobre los 12 últimos años cruzó WBGT con tiempos por grupos de finalización: los élites pierden alrededor del 0,9% por cada 5 °C de subida de WBGT, mientras que el corredor que va sobre las 4 horas pierde hasta un 3,2% por cada 5 °C. La explicación: el corredor lento pasa más tiempo expuesto al sol, suele correr en pelotones donde el flujo de aire se reduce un 50%, y su velocidad relativa al aire genera menos enfriamiento por convección.
La temperatura "óptima"
Los récords del mundo de maratón y la inmensa mayoría de los récords de circuito de Boston, Chicago y Londres se han firmado con temperaturas entre 5 y 13 °C. Por encima de 18 °C, hablar de PB es engañarse. Esto es información útil cuando preparas una carrera de verano: el objetivo no es batirte, es competir bien con las cartas que te toca jugar.
| Temperatura WBGT | Pérdida estimada — élite | Pérdida estimada — popular (3:30-4:30) | Recomendación de ajuste |
|---|---|---|---|
| 5-13 °C | Sin pérdida (óptimo) | Sin pérdida (óptimo) | Ritmo objetivo limpio |
| 13-18 °C | ≈ 1% | ≈ 3% | +5-10 s/km en rodajes largos |
| 18-23 °C | ≈ 2,5% | ≈ 6-9% | +15-25 s/km y FC, no ritmo |
| 23-28 °C | ≈ 4,5% | ≈ 12-15% | Solo esfuerzo, fuera objetivos de ritmo |
| > 28 °C | Riesgo de DNF | Riesgo de DNF y patología | Posponer o trail técnico con sombra |
Aproximaciones basadas en Ely et al. (2007), Vihma (2010) y el análisis NYC Marathon 2008-2019. La pérdida real depende del punto de rocío y del nivel de aclimatación individual.
El dato que casi nadie mira: el punto de rocío
Si te quedas con una sola idea de este artículo, que sea esta: la temperatura del termómetro miente, el punto de rocío no. La humedad relativa cambia con el sol del día —al amanecer puede marcar 85% y a mediodía el mismo aire 45%, sin haberse evaporado una sola gota de agua— porque depende de la temperatura. El punto de rocío es la temperatura a la que ese aire se saturaría: es una medida absoluta de cuánta agua hay en la atmósfera, y es exactamente lo que decide si tu sudor puede evaporarse (lo único que te enfría de verdad) o si solo te empapa la camiseta sin enfriar nada.
Un estudio publicado en Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports (2025) cuantificó el colapso: la eficiencia de la sudoración cae del 50% en aire seco al 16% en aire muy húmedo. Es decir, dos tercios menos de refrigeración por cada gota de sudor con el mismo esfuerzo. Por eso un día de 24 °C en Galicia con punto de rocío de 21 puede ser más duro que uno de 30 °C en Madrid con punto de rocío de 12.
Regla de bolsillo práctica:
- Punto de rocío < 13 °C: condiciones cómodas, ritmos normales.
- 13-18 °C: ya se nota; bajar 5-15 s/km en series largas.
- 18-21 °C: entrenamiento por sensaciones y FC, fuera ritmo objetivo.
- > 21 °C: rodaje suave o sustituir por bici/piscina. No es cobardía, es física.
Apps como Windy, Tiempo3 o el propio AEMET muestran el dato; si tu reloj no, vale con consultarlo antes de salir.
Aclimatación al calor: la inversión con más ROI del verano
Aquí está la palanca grande, la que cambia el partido. El cuerpo se adapta al calor con una rapidez sorprendente: 7-10 días de exposición controlada bastan para conseguir la mayoría de las adaptaciones. Lo dice una revisión sistemática con meta-regresión bayesiana publicada en Experimental Physiology (Périard et al., 2023), que sintetizó 211 estudios de aclimatación: el corredor medio que sigue un protocolo de 8 sesiones de aproximadamente 90 minutos al calor consigue:
- +5,6% de volumen plasmático (más sangre, mejor regulación cardiovascular y termorregulación).
- −17 latidos por minuto en frecuencia cardíaca de esfuerzo al final de la sesión.
- −0,43 °C de temperatura central en el mismo esfuerzo.
- Sudor menos salado: el sodio en sudor cae de unos 60 mmol/L a 10 mmol/L, lo que reduce las pérdidas de electrolitos en eventos largos.
Qué cambia exactamente en tu cuerpo
Lo primero que se expande, ya desde el día 3-5, es el plasma sanguíneo. Más volumen significa más sangre disponible para enviar simultáneamente a la piel (para enfriar) y a los músculos (para correr). El estudio de Lorenzo et al. (Journal of Applied Physiology, 2010) midió un descenso de 15 latidos en la FC de esfuerzo tras 10 días de aclimatación al calor, junto con una mejora del 5-8% en VO2 máx también en condiciones frescas. Es decir: aclimatarte al calor te hace más rápido también cuando hace fresco.
El bonus oculto: efecto altitud sin viajar
Esta parte es la contraintuitiva. Trabajos como el de Rønnestad et al. (Medicine & Science in Sports & Exercise, 2022) y la revisión hematológica del grupo de Lundby (Frontiers in Physiology, 2019) muestran que la aclimatación al calor prolongada produce un aumento de la masa total de hemoglobina del orden del 3%, comparable a campamentos de altitud moderada. La diferencia es que para subir a 2.000 m hace falta una furgoneta y dos semanas de vacaciones; para meterse al calor, una sesión sobre el tapiz con la calefacción puesta o un rodaje a la una de la tarde.
Protocolo práctico para popular (7-10 días)
No hace falta cámara climática. Lo que sí hace falta es subir la temperatura central. Tres formatos válidos:
- Rodajes en la franja de calor: 60-75 minutos a ritmo suave entre las 13:00 y las 17:00. Empieza con 40-50 min los primeros días si nunca has corrido con calor.
- Tapiz con calefacción: en interior, con manga larga, sin ventilador. 45-60 minutos suaves.
- Sauna post-entrenamiento: sesiones pasivas de 20-30 minutos a 80-90 °C tras la sesión normal, 4-5 días/semana. La evidencia de Scoon et al. (Journal of Science and Medicine in Sport, 2007) sugiere mejoras del tiempo hasta el agotamiento del 32% tras tres semanas de sauna en corredores entrenados.
Importante: las adaptaciones se pierden a un ritmo aproximado del 2,5% al día al dejar de exponerse. Si te aclimatas a primeros de junio y luego pasas dos semanas en una oficina con aire acondicionado a 22 °C, llegas al maratón de septiembre sin nada. Necesitas exposición de mantenimiento: 2-3 sesiones por semana sostienen las ganancias.

Hidratación: el mito más peligroso del running
Esta es la sección incómoda. La industria de las bebidas deportivas lleva 40 años vendiendo que el corredor tiene que beber "antes de tener sed". La evidencia dice otra cosa, y bastante clara.
En 2003 murieron dos corredoras de maratón en eventos benéficos por algo llamado hiponatremia asociada al ejercicio (EAH): la sangre se diluye porque se ha bebido más agua de la que se ha sudado. El sodio plasmático cae, el agua entra a las células del cerebro, se hinchan, y aparece la encefalopatía. Aquellas muertes destaparon un problema que llevaba años acumulándose. Un estudio del New England Journal of Medicine (Almond et al., 2005), sobre 488 corredores del maratón de Boston de 2002, encontró que el 13% terminó con hiponatremia bioquímica, y que el principal factor de riesgo no era el calor: era haber ganado peso durante la carrera por sobrehidratación. Los que ganaron 3-4,9 kg multiplicaban por treinta el riesgo de hiponatremia leve y por setenta el de hiponatremia severa.
Las revisiones posteriores en Frontiers in Medicine (2017) y en pruebas de ultradistancia confirman tasas del 7-15% de EAH en maratones y hasta el 51% en ultras de un solo día. Es más común que la deshidratación grave, y mucho más peligrosa.
Las guías del International Marathon Medical Directors Association y el consenso de hiponatremia asociada al ejercicio recomiendan desde 2015 lo mismo: beber por sed (ad libitum). La sed es un mecanismo afinado en cientos de miles de años. No es perfecta, pero es mucho menos peligrosa que la indicación "tantos ml cada tantos minutos", que es la que mató a aquellas dos corredoras.
Cómo calcular tu tasa de sudoración real
Una vez en toda tu vida deportiva merece la pena hacer este ejercicio. En un día caluroso:
- Pésate sin ropa antes de salir.
- Sal a correr una hora a ritmo de rodaje. Apunta cuánto bebes (en gramos: 1 ml = 1 g).
- Vuelve, sécate, pésate desnudo otra vez.
- Tasa de sudoración (ml/h) = (peso antes − peso después + líquido ingerido) × 1.000.
Lo normal es 600-1.200 ml/h, aunque hay corredores muy sudorosos que llegan a 2.000. Con ese número sabes cuánto reponer en eventos largos —pero sin pasarte de tu tasa, porque más no es mejor—. La regla de oro es no perder más del 2% del peso corporal ni ganar nada.
Sales y electrolitos: lo que dice la ciencia (y los anuncios no)
El sodio extra previene calambres. El sodio extra previene la hiponatremia. El sodio extra previene el golpe de calor. Tres afirmaciones que repite la publicidad y que la evidencia no respalda en absoluto.
El estudio más rotundo es de Hoffman et al. (Sports Medicine - Open, 2015), realizado sobre la Western States 100 Mile, una ultra de 161 km con temperaturas que llegaron a los 39 °C. Midieron la ingesta total de sodio (de comida, bebida y suplementos) en los 20 finishers analizados a fondo. Resultado: la ingesta de sodio no se correlacionó con la incidencia de hiponatremia, ni con los calambres, ni con las náuseas, ni con la deshidratación. El sujeto con el sodio plasmático más bajo no era el que menos sal había tomado. Y el rango de ingesta total iba de 2.500 a 38.000 mg, con resultados clínicos indistinguibles.
Esto no significa que las sales no sirvan nunca. Significa lo siguiente:
- En rodajes y entrenos < 90 minutos: el agua del grifo basta. La comida normal del día repone el sodio sin esfuerzo.
- En carreras de 90 min a 3 h con calor: una bebida isotónica con 400-700 mg de sodio por litro puede ayudar al sabor (haces que te apetezca beber, lo cual mantiene la ingesta) y a evitar el extremo opuesto. No es una urgencia médica.
- En ultradistancia (> 4 h): tiene sentido reponer sodio, pero sin obsesión y sin perseguir cifras. La sed y el apetito por salado guían bastante bien.
- En personas que sudan blanco/cristalino visible (los llamados salty sweaters): hay un pequeño beneficio en pruebas largas, pero tampoco vuelven al mundo invencibles.
El calambre del corredor, por cierto, es un fenómeno neuromuscular: fatiga y exceso de excitación de las motoneuronas. La sal no lo evita; el entrenamiento específico, el ritmo bien dosificado y el descanso adecuado, sí.
Pre-cooling y cooling durante carrera: rendimiento medible
Esta es la palanca menos popular y la que más rinde el día de la carrera. La idea: si bajas tu temperatura central antes de empezar, tardas más en llegar al límite que te obliga a frenar. Una revisión sistemática con meta-análisis de Bongers et al. (British Journal of Sports Medicine, 2015) confirmó que tanto el pre-cooling como el "per-cooling" (durante el ejercicio) mejoran el rendimiento en calor de forma significativa, con tamaños de efecto pequeño-medio que en términos prácticos suponen entre 1% y 3% más rendimiento en pruebas de 5-30 km.
Antes de salir
- Granizado o ice slurry (hielo picado + agua + un poco de azúcar): 7-8 g por kg de peso corporal en los 30 minutos previos. Es la estrategia con más respaldo (Siegel et al., British Journal of Sports Medicine, 2012). Un corredor de 70 kg ≈ 500 ml. Sabe a poco glamuroso, pero rinde.
- Chaleco frío o hielo en cuello/axilas/ingles: 20-30 minutos antes. Bajan la temperatura cutánea y, con ella, la sensación de calor inicial.
- Ducha fría 10 minutos antes: es la versión casera del chaleco. Efectivo en pruebas cortas.
Durante la carrera
- Esponjas y agua fresca por la cabeza y la nuca: sin pasarse de fría (más adelante explico por qué).
- Hielo o agua fresca en las palmas de las manos y la cara: aquí está la curiosidad bonita. Las palmas, las plantas de los pies y la cara tienen piel glabra con anastomosis arteriovenosas (AVAs), unas conexiones directas arteria-vena que funcionan como radiadores del cuerpo. Cuando aplicas agua fresca —no helada— sobre ellas, el calor se transfiere muy eficientemente. Los trabajos del grupo de Heller (Stanford) en esta línea muestran efectos consistentes en deportes de fuerza; en carrera la evidencia es menor pero no nula. Y es gratis.
- Trago corto de bebida fría cada 15-20 min: mejor que tragos largos.
Aplicar agua a 0-5 °C de golpe sobre cara y cuello provoca vasoconstricción: los vasos se cierran y, paradójicamente, retienes calor en vez de soltarlo. Lo mismo con bañarte en agua helada nada más terminar. El rango útil para enfriar piel y mantener el flujo de calor es 10-15 °C aproximadamente. Agua del grifo basta.
Cómo ajustar el ritmo y la frecuencia cardíaca
La regla de oro en verano: la frecuencia cardíaca dice la verdad, el ritmo miente. Si tu rodaje habitual a 5:30 min/km te tira el pulso a 145 ppm en marzo y en julio el mismo 5:30 te lo dispara a 165, no estás peor de forma. Estás corriendo en una caldera. La FC integra el coste real del esfuerzo (térmico y mecánico) en un solo número.
Si entrenas por zonas —y si no, échale un ojo a esta guía sobre zonas de FC—, en verano cuenta la zona, no el ritmo. Eso implica aceptar correr más despacio. Es lo correcto. Forzar el ritmo objetivo con FC elevada no te entrena la zona que tocaba; te entrena un poco de todo a costa de fatiga acumulada y deshidratación.
Cuándo cancelar la sesión
No es un debate de orgullo. Si concurren tres o más de estos signos, paras y vuelves a casa caminando:
- Mareo, visión "de túnel" o sensación de inestabilidad.
- Náuseas o cefalea aguda nuevas.
- Confusión, sensación de "tener la cabeza en otro sitio".
- Piel pálida y fría, o al revés, piel muy roja y caliente que ha dejado de sudar.
- FC anormalmente alta para el esfuerzo, o anormalmente baja con sensación de agotamiento.
Sentarse a la sombra, beber un trago corto de agua fresca, mojarse la nuca y las muñecas, y llamar a alguien si en 10 minutos no mejora. El golpe de calor por esfuerzo (temperatura central > 40 °C) es una urgencia médica con mortalidad real.
Tu semana tipo en verano (plan accionable)
Esto es lo que yo haría en un mes de julio si quisiera mantener forma sin romperme:
- Lunes: rodaje fácil 45-60 min a primera hora (06:30-08:00). FC en zona 2, ritmo el que salga.
- Martes: series cortas en pista o asfalto al amanecer. Si el termómetro pasa de 25 °C al empezar, bajas el volumen 25% y los descansos los haces a la sombra.
- Miércoles: descanso o cross-training (bici, piscina). El agua es el mejor aliado en verano y a veces se nos olvida.
- Jueves: rodaje con tramos en cuesta o fartlek por sensaciones. FC, no ritmo. Si va bien, dejar abierto.
- Viernes: descanso completo o caminata.
- Sábado: tirada larga muy temprano (05:30-07:00). 90-120 min en zona 2 baja. Cargar mochila con agua suficiente —tasa de sudoración × horas— y elegir circuito con sombra y fuentes.
- Domingo: rodaje corto regenerativo 30-40 min, o segundo cross-training.
Si estás preparando una carrera concreta, los planes de 10K y media maratón aplican igual en verano: solo ajusta las zonas por FC y respeta los descansos. Y si estás usando el running como herramienta de pérdida de peso, en esta guía tienes el enfoque sin trucos rápidos.
Errores comunes que conviene desterrar
1. "Sudar mucho = entrenar mucho". Sudar es termorregulación, no entrenamiento. El sauna te hace sudar y no te hace más rápido por sí solo. Lo que entrena es el estímulo metabólico-cardiovascular, no el peso perdido en la báscula.
2. "Cuanta más sal mejor". Ya lo hemos visto. El sodio en exceso ni previene calambres ni evita la hiponatremia. Repon lo justo, especialmente si no eres ultrafondista.
3. "Bebe cada 15 minutos, hayas o no hayas sudado". El consejo que mató a dos corredoras en 2003. Bebe por sed.
4. "Ducha de hielo justo al terminar". Provoca vasoconstricción brusca y dificulta la disipación del calor acumulado. Mejor agua templada-fresca primero, agua fría después de 10-15 minutos de transición.
5. "Si aguanto el primer día, ya estoy aclimatado". La aclimatación necesita 7-10 días consecutivos. Un único entreno con calor te castiga, no te adapta.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos días necesito para aclimatarme al calor?
Entre 7 y 10 días de exposición controlada para obtener la mayoría de las adaptaciones (volumen plasmático, descenso de FC, mayor eficiencia de la sudoración). El meta-análisis de Périard et al. (2023) sitúa la media en 8 sesiones. A partir de los 14 días las ganancias son marginales. Las adaptaciones se pierden a un ritmo del 2,5% por día sin exposición, por lo que conviene mantener 2-3 sesiones semanales con calor para conservarlas.
¿Es verdad que el termómetro del coche o del móvil engaña?
Sí, bastante. El termómetro del coche al aparcar al sol marca hasta 10 °C de más por radiación directa. Y la "temperatura ambiente" del móvil o del reloj no tiene en cuenta humedad ni radiación solar. Para correr, el dato que importa es el WBGT (wet bulb globe temperature), que combina temperatura, humedad, viento y sol. Si no está disponible, el punto de rocío es un buen sustituto.
¿Cuánta agua debo llevar para un rodaje de una hora?
Depende de tu tasa de sudoración personal (calcúlala una vez con el método del pesaje pre/post). Para la mayoría de corredores con calor moderado, 400-700 ml de agua son suficientes para 60-90 minutos. Por debajo de 45 minutos, no es imprescindible beber durante la carrera si llegas bien hidratado. Es más importante beber tranquilamente antes y después que obligarte a tragar a mitad.
¿Los geles con sodio son necesarios?
En carreras < 90 minutos, no. En carreras de 90 min a 3 h, ayudan más por el carbohidrato que por el sodio. En ultradistancia, los geles con sodio (200-400 mg por unidad) tienen sentido junto con comida real, pero sin perseguir cifras objetivo. La evidencia (Hoffman, 2015) sugiere que la ingesta total de sodio no predice ni los calambres ni la hiponatremia, así que más no es mejor.
¿Puedo correr a las 14:00 si solo tengo ese hueco?
Puedes, pero baja el volumen y la intensidad, lleva agua, evita asfalto al sol directo, y olvídate de buscar ritmos. Como herramienta de aclimatación puntual está bien; como hábito sostenido no merece la pena, porque acumulas fatiga térmica que castiga las sesiones de calidad del resto de la semana. Si esa es tu única franja, plantéate alternar con bici o piscina.
¿Es peligroso correr en ayunas en verano?
Para un rodaje suave de 30-45 minutos no hay mayor problema en personas sanas y entrenadas. Para sesiones más largas o intensas, sí: el glucógeno hepático bajo combinado con el estrés térmico aumenta el riesgo de mareo y de bajón. En verano, un café con un plátano o una tostada quince minutos antes de salir te ahorra disgustos sin pesar en el estómago.
¿Sirve la respiración nasal para tolerar mejor el calor?
Sí, sobre todo a ritmos suaves. La nariz humedece y atempera el aire, reduce la pérdida de agua por la vía aérea (sí, se pierde agua al respirar por la boca) y mejora la tolerancia al CO2, que es un freno percibido en condiciones duras. En esta guía sobre cómo respirar al correr está desarrollado con detalle, incluido el patrón 3:2 asimétrico, que también funciona bien en verano.
¿Y si vivo en zona muy húmeda? Cádiz, Valencia, Galicia costera…
Te toca mirar el punto de rocío más que la temperatura. En zonas con humedad alta y persistente, los días "buenos" para correr son los que tienen punto de rocío bajo, no necesariamente los más frescos en la previsión. Una mañana de 18 °C con punto de rocío de 16 puede ser más dura que una de 24 °C con punto de rocío de 10. Aprende a leer el dato y planifica las sesiones de calidad para esos días "secos".